¿Por qué los proyectos tienen dificultades para ser aprobados?
¿Se consideran las variables de riesgo a la hora de generar estudios de impacto ambiental? ¿Qué tipo de análisis o reflexión de largo plazo desarrollan las empresas al enfrentarse a las coyunturas de riesgo? ¿Hay claridad en la importancia estratégica de las comunicaciones, la consulta y la participación en la sostenibilidad del negocio?
El reciente anuncio por parte de los organismos que conforman la Institucionalidad Medio Ambiental, específicamente de la ministra del ramo, respecto de las primeras objeciones al estudio de impacto presentado por HidroAysén, abre una serie de reflexiones e interrogantes sobre las condiciones y capacidades técnicas con que se formulan dichos estudios por parte de las empresas interesadas y, al mismo tiempo, permiten poner en cuestión cuáles son los reales niveles de integración de la mirada de los diversos sostenedores que se articulan en este tipo de negocios, a la hora de proyectar sus estudios de impacto ambiental.
En otras palabras, más allá de la coyuntura generada a partir del caso puntual de HidroAysén – cuya aprobación final aún está en proceso- y de otros casos anteriores donde los EIA han sido objetados, nos interesa poner el foco en los procesos de análisis de escenario y contexto se realizan (o deberían realizarse) para la formulación de estos estudios. ¿Cómo se enfrentan los proyectos a eventuales coyunturas que puedan potencialmente generar un rechazo de los EIA? ¿Qué niveles de consulta y participación efectivos se dan hacia los sostenedores del negocio? ¿Comprenden las empresas el cambio de escenario en materia de institucionalidad ambiental que vive el país y que se manifiesta en niveles formales de control social y participación ciudadana mayores que antaño?
Equilibrio de los Sostenedores y sostenibilidad del negocio: ¿miradas corto o largo plazo?
La consulta y participación de los actores relevantes para un proyecto, aquellos que sostienen al negocio, es una herramienta clave en la estrategia de posicionamiento de la empresa y del análisis de su entorno.
Se entiende por sostenedor o stakeholder, a todas las partes participantes o posiblemente afectadas por un proyecto o una empresa como son: accionistas, empleados, inversionistas, dueños de propiedades cercanas, la comunidad en general, comerciantes, gobierno, grupos sociales, sindicatos, gremios, campesinos, vecinos, quienes sean o que en forma alguna pueden ser afectados ya sea en forma positiva o negativa.
La posibilidad de reducir el riesgo ambiental, entendido este como el peligro latente al que puedan estar sometidos los seres humanos, en función de la probabilidad de ocurrencia y severidad del daño a su entorno, obliga a poner atención a estos componentes de gestión. Y dicha herramienta (consulta y participación) no puede ser utilizada sólo en términos administrativos, sino más bien en términos realmente estratégicos: la comunicación, la consulta y la participación permiten y dotan al negocio de un involucramiento real con el entorno ecosistémico de su acción.
En general en Chile la calidad y el enfoque de los EIA no es el que se espera de un país que reclama ser un país moderno y desarrollado, por que las empresas y la institucionalidad no consideran en forma proactiva la totalidad de las variables involucradas y, al mismo tiempo, no participan como empresa de manera integral en la gestación de dichos estudios, al contrario, delegan dicha “tarea” a un área o función de la compañía que no necesariamente actúa de manera coordinada con los demás estamentos.
En nuestra opinión, prima hoy por hoy en las empresas una racionalidad operativa y no necesariamente con foco en el largo plazo en su visión de negocio, lo que se contrapone claramente a una mirada integral y equilibrada de los sostenedores. Es fundamental para el éxito de una gestión de este tipo que se provoquen y consoliden puentes de comunicación entre las distintas visiones, culturas y percepciones de realidad que están en juego. De esta manera, no sólo se contribuye a potenciar la imagen corporativa de determinada empresa, sino que, más trascendente aún, es posible llevar un pulso real y certero sobre los riesgos potenciales del proyecto.
Esta característica de visión de corto plazo y operativa ¿es una calidad intrínseca del ejecutivo local? Es posible, pero habría que profundizar en aspectos culturales y de idiosincrasia para permitir un mejor análisis al respecto. Y ese no es nuestro foco. Nos interesa remarcar que esa forma de abordar los proyectos, marcada por un frágil discurso que declara la intención de actuar con una visión integral y equilibrada de los sostenedores, pero que en la práctica no se aplica o se concreta de manera parcial, tiene implicancias negativas en aspectos organizacionales, de liderazgo y de visión sistémica del negocio, que a la larga (y a veces a la corta) ponen en riego la sostenibilidad del proyecto.
Visión de Futuro.
Hemos señalado que las herramientas de comunicación, consulta y participación que permitan la integración de las distintas subjetividades presentes en los sostenedores de un negocio, son estratégicamente fundamentales para configurar y fortalecer la visión de futuro que busca un determinado proyecto. La mirada puesta en los resultados o en las acciones por sí mismas, no permite poner atención a los procesos y a los procedimientos que generan o posibilitan esas acciones. Al ser “resultadista” se pierde la mirada integral del negocio y lo que es más grave, a nuestro juicio, se hace invisible el aspecto humano de dicho negocio y sus implicancias para la calidad de vida de las personas y comunidades vinculadas directa o indirectamente a un determinado proyecto.
¿Por qué predomina esta visión de corto plazo? Una posibilidad, podemos encontrarla en la escasa comprensión de las empresas en general a las características de, lo que podríamos denominar, un “nuevo escenario”: una ciudadanía con niveles mayores de empoderamiento y el aumento de los niveles de control ambiental y control social de los proyectos, en ocasiones no es observado por los gestores de proyectos y nuevamente, esta falta de mirada integral atenta contra la sostenibilidad. Da la impresión que la empresa subestima a los sostenedores y no están preparados para lidiar con actores empoderados.
De lo Nominal a lo Real
Ahora bien, esta mirada de corto plazo a la que hemos aludido insistentemente, tiene su correlato directo en las acciones y miradas que propicia la Institucionalidad Ambiental de reciente formalización en el país. Los procedimientos de participación real y efectiva que establece la normativa pública en la materia, son escasos y poco eficientes. Los niveles de participación ciudadana que se establecen para, por ejemplo, la evaluación de EIA son inadecuados y resultan en ocasiones ambiguos y de escasa participación.
En este ámbito, también queda mucho camino pendiente por recorrer para generar un cambio de calidad en la participación ciudadana y salir de los esquemas meramente nominales y formales que se generan para ella. Se desconocen además, estudios que den cuenta de la opinión pública sobre las funcionalidades de nuestra institucionalidad ambiental, sobre todo en los niveles de percepción acerca de la participación ciudadana en las instancias de evaluación de proyectos. Esto son datos relevantes a la hora de generar reflexión y producir conocimiento sobre estos temas.
En síntesis y a la hora de buscar respuestas para la pregunta inicial de este artículo ¿por qué los proyectos tienen dificultad para su aprobación?: claramente hay un ámbito relacionado con la poca preparación y elaboración técnica de dichos proyectos, los que carecen de una visión integral y equilibrada de los distintos elementos involucrados, trabajando con datos genéricos y en extremo “duros” y muchas veces ni siquiera consideran el estado de situación de otros proyectos similares en la misma zona de afectación. Y esto es de responsabilidad de las propias empresas.
Y, por otra parte, los proyectos son eventualmente rechazados porque la participación de actores relevantes, que se requiere para su evaluación de impacto es inadecuada. Hay una mirada estrecha en la comprensión de las formas de participar, tremendamente nominal y formal, que termina por circunscribirla a carriles institucionales rígidos y ambiguos. La institucionalidad y la operatividad de los procesos de evaluación de EIA son poco claros en aspectos como: acceso a información, espacios de cuestionamiento y, además, escasa o nula penalidad para los delitos de impacto ambiental en los que eventualmente se incurre.
Todos estos elementos dan pistas para una reflexión mayor, que apunte por un lado a mejorar la gestión de las empresas desde una racionalidad de corto plazo a una que apunte su foco a la visión de futuro integral y equilibrada; y por otro lado a mejorar la eficacia y la eficiencia de los canales de participación ciudadana en los procesos de Evaluación de Impacto Ambiental, que vaya más allá de lo nominal y formal.